(En días del
mes
de
ABRIL de
2025)
José María López Geta
Inspector de Hacienda del Estado. Jubilado. Miembro
no ejerciente de la
Asociación Española de Asesores Fiscales e Ilustre Colegio de
Abogados de Madrid
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CONSIDIO, UNO DE LOS
SENADORES MÁS VIEJOS, LE DIJO [a César] QUE [los
senadores no se reunían en el senado] POR MIEDO A
LAS ARMAS Y LOS SOLDADOS. César, respondió a
Considio:
«¿ENTONCES, POR QUÉ NO TE QUEDAS TÚ TAMBIÉN EN
CASA POR TEMOR A ESO? [miedo a las armas y los
soldados]»
CONSIDIO REPLICÓ:
«PORQUE MI VEJEZ ME HACE NO TENER MIEDO: LO POCO
DE VIDA QUE TODAVÍA ME QUEDA NO EXIGE MUCHOS
CUIDADOS»
(Vidas paralelas: Alejandro-César. PLUTARCO). |
«LOS BURROS DEL
ARENERO»
«Mira Platero, los burros del Quemado, caídos, lentos,
con su picuda y roja carga de mojada arena, en la que llevan
clavada, como en el corazón, la vara de acebuche verde con
que les pegan» («Platero y yo». J. R. Jiménez)
En el mes del año en que se inicia la campaña de la
declaración-liquidación del Impuesto sobre las Renta de las
Personas Físicas, se nos vienen a la cabeza una vez más «los
burros del arenero» que, de disponer del raciocinio propio de
los seres humanos, entenderían que trabajar para ganarse el
sustento es algo inevitable, pero claro, nunca bajo el yugo de
la «vara de acebuche verde».
Según viene informando la Agencia Tributaria [Estatal] en el año
2024 se han alcanzado cifras récord de recaudación de la que
forma parte en buena medida lo recaudado por razón del devengo
del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF, en lo
sucesivo) que ha proporcionado al Tesoro Público recursos
extraordinarios merced a la utilización de esa «vara de acebuche
verde» como es la inflación que, tras un crecimiento inusitado,
se ha instalado permanentemente, cual aguijón, en las «espaldas
calientes» de los obligados tributarios que han visto muy
mermada su capacidad adquisitiva a la par que, como si nada
hubiese sucedido, han tenido que hacer frente a una mayor carga
impositiva (y no solo por razón del IRPF, también por otros
tributos). Y lo peor es que, como en su día señalaron muy
gráficamente acreditados economistas-financieros (ya los citamos
tiempo atrás) la inflación es como la «pasta de dientes que una
vez sale del tubo ya no se la puede hacer regresar al envase».
En un muy interesante estudio («Estimación de la progresividad
en frío del IRPF por niveles de renta en el periodo 2021-2024»
FUNCAS- Cuadernos de Información Económica) el Prof. Desiderio
Romero-Jordán (Catedrático de Economía Aplicada en la
Universidad Rey Juan Carlos) considera que un alza acumulada del
IPC del 17,8 % ha impulsado la recaudación del IRPF a través de
tres vías interconectadas: Primero, gravando los ingresos de los
contribuyentes en términos monetarios, en lugar de hacerlo en
términos reales [esto sucede, incluso, cuando la renta opera en
el mismo tramo de la tarifa del impuesto]; segundo, empujando a
algunos contribuyentes a tributar en tramos superiores de la
tarifa progresiva del IRPF. Tercero, erosionando el valor
nominal de exenciones o mínimos expresados en euros.
Triste panorama el que se está viviendo, con un empobrecimiento
del «común» acompañado de la afrenta que supone el flagrante
despilfarro de los fondos públicos, la ausencia de controles
efectivos, en fin de unos Presupuestos Generales del Estado que
con frecuencia encierran «fórmulas de escape», pero algo es
algo. Hace unos cuantos siglos los «súbditos» (Cortes de León y
Movimiento Comunero de Castilla) nos ofrecieron unas muestras de
valor, casi temerario e inimaginable en estos días, al
enfrentarse al soberano de turno que fue obligado a explicar sus
«planes» y los recursos que estaba dispuesto a detraer del
pueblo para llevar acabo esos planes.
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(En días del
mes
de
MAYO de
2025)
José María López Geta
Inspector de Hacienda del Estado. Jubilado.
Miembro
no ejerciente de la
Asociación Española de Asesores Fiscales e Ilustre Colegio de
Abogados de Madrid
Editor de la Revista «SISA, ALCABALA Y PAPEL SELLADO [… me tienen
desollado]»
Fundación para la Promoción de los Estudios
Financieros (Publicaciones)
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CONSIDIO, UNO DE LOS
SENADORES MÁS VIEJOS, LE DIJO [a César] QUE [los
senadores no se reunían en el senado] POR MIEDO A
LAS ARMAS Y LOS SOLDADOS. César, respondió a
Considio:
«¿ENTONCES, POR QUÉ NO TE QUEDAS TÚ TAMBIÉN EN
CASA POR TEMOR A ESO? [miedo a las armas y los
soldados]»
CONSIDIO REPLICÓ:
«PORQUE MI VEJEZ ME HACE NO TENER MIEDO: LO POCO
DE VIDA QUE TODAVÍA ME QUEDA NO EXIGE MUCHOS
CUIDADOS»
(Vidas paralelas: Alejandro-César. PLUTARCO). |
«NO HAY QUE LLORAR … POR LA LECHE DERRAMADA»
En su
significado más común, la expresión «Llorar por la leche derramada»
encierra el lamento por algo que ha sucedido, irremediable, que ya
no cabe cambiar, que no hay que quedar presos del pasado. En las
circunstancias presentes en España hay «mucha leche derramada», pero
hay que poner fin al «derrame» y recuperar lo posible que es mucho,
hay que luchar, no debe admitirse que principios esenciales queden
abatidos para siempre. Y tal espíritu combativo debe estar presente
en todo el ordenamiento jurídico pues no se trata del derrame de un
líquido, muy valioso por supuesto, sino de elementos básicos en una
sociedad democrática que lo es en el «papel» y debe serlo
irrenunciablemente en la realidad diaria.
La
Constitución de 1978 (en lo sucesivo CE/78) lo tiene claro, aun
cuando no falte quien trate de eludir sus mandatos argumentando que
la ambigüedad está conscientemente presente en gran parte de sus
preceptos. Pero es evidente que, como cualquier texto constitucional
regulador de un Estado de Derecho, el principio de separación de
Poderes es eje vertebral del sistema. Así, entre otros con el mismo
propósito, el artículo 108 CE/78 establece la subordinación del
Gobierno, bajo la solidaridad de sus miembros, que debe responder de
su gestión política ante el Congreso de los Diputados.
Y no
solo el Congreso de los Diputados cuenta con la habilitación
constitucional para en nombre de la representación popular
«controlar» al Poder Ejecutivo, también lo está el Senado como
recientemente lo ha corroborado el Tribunal Supremo al confirmar el
derecho de cierta parlamentaria a controlar al Gobierno, y más
concretamente al Ministerio de Hacienda obligado a la entrega de un
importante número de Informes (más de 9.000) evacuados por la
Intervención General del Estado. Las frecuentes actitudes
obstruccionistas del Poder Ejecutivo no tienen consecuencias ni
orgánicas ni personales, pese a que como en el caso de referencia
exista un flagrante incumplimiento de la doctrina del Tribunal
Constitucional consolidada hace bastantes años (SSTC 161/1988, de 20
de septiembre y 189/1989, de 3 de noviembre, entre otras).
No
respetar los mandatos constitucionales (como los contenidos en los
artículos 108 y 109 CE/78), antes por el contrario maniobrar para
conculcarlos, inevitablemente trae consigo que un Jefe de un
Gobierno que carezca del menor escrúpulo político se verá con las
manos libres, considerará expedito el camino para la implantación de
un régimen autocrático. Para evitar tal deriva en el futuro, debe
establecerse un «corta fuegos» que nunca lo podrá ser la confianza
en la presunta convicción democrática de quienes en el fondo carecen
de tal convicción. Como recordaba el cantante Luis Aguilé (hace unos
años fallecido) en democracia a un Presidente no se lo vota para que
se quiera quedar, como tal para toda la vida, como un elegido; para
que no se deje llevar por la tentación de cambiar la Nación y
arreglar a su hechura, y a su conveniencia, la Constitución.
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